23 de diciembre de 2011

SIN TÍTULO

Dedicatoria: El relato que a continuación les presento, está dedicado a todas las que lo leen y que alguna vez (por no decir siempre) nos hemos sentido ridículas ante las pesadas demostraciones de estar "libres del pecado". Nosotras mismas somos inquisidoras de quienes nos demuestran nuestro propio "Ego". No seas Diva... al final nadie te aplaude!

Cassandra Wilson / Fragile (Abajo la traducción)

Tenía la espalda inquieta y la nuca de porcelana. Tenía un pelo castaño y subversivo, y una lengua despiadada y alegre con la que recorría la vida y milagros de quien se ofreciera.
A la gente le gustaba hablar con ella, porque su voz era como lumbre y sus ojos convertían en palabras precisas los gestos más insignificantes y las historias menos obvias.
No era que inventara maldades sobre los otros, ni que supiera con más precisión los detalles de un chisme. Era sobre todo que descubría la punta de cada maraña, el exacto descuido de Dios que coronaba la fealdad de alguien, la pequeña imprecisión verbal que volvía desagradable un alma cándida.
A la tía Charo le gustaba estar en el mundo, recorrerlo con sus ojos inclementes y afilarla con su voz apresurada. No perdía el tiempo. Mientras hablaba, cosía la ropa sus hijos, bordaba iniciales en los pañuelos de su marido, tejía chalecos para todo el que tuviera frío en el invierno, jugaba frontón con su hermana, hacía la más deliciosa torta de elote, moldeaba buñuelos sobre sus rodillas y discernía la tarea que sus hijos no entendían.
Nunca la hubiera avergonzado su pasión por las palabras si una tarde de junio no hubiese aceptado ir a unos ejercicios espirituales en los que el padre dedicó su plática al mandamiento "No levantarás falsos testimonios ni mentirás". Durante un rato el padre habló de los grandes falsos testimonios, pero cuando vio que con eso no atemorizaba a su adormilada clientela, se redujo a satanizar la pequeña serie de pecados veniales que se originan en una conversación sobre los demás, y que sumados dan gigantescos pecados mortales.
La tía Charo salió de la iglesia con un remordimiento en la boca del estómago. ¿Estaría ella repleta de pecados mortales, producto de la suma de todas esas veces en que había dicho que la nariz de una señora y los pies de otra, que el saco de un señor y la joroba de otro, que el dinero de un rico repentino y los ojos inquietos de una mujer casada? ¿Podría tener el corazón podrido de pecados por su conocimiento de todo lo que pasaba entre las faldas y los pantalones de la ciudad, de todas las necedades que impedían la dicha ajena y de tanta dicha ajena que no era sino necedad? Le fue creciendo el horror. Antes de ir a su casa pasó a confesarse con el padre español recién llegado, un hombre pequeño y manso que recorría la parroquia de San Javier en busca de fieles capaces de tenerle confianza.
En Puebla la gente puede llegar a querer con más fuerza que en otras partes, sólo que se toma su tiempo. No es cosa de ver al primer desconocido y entregarse como si se le conociera de toda la vida. Sin embargo, en eso la tía no era poblana. Fue una de las primeras clientas del párroco español. El viejo cura que le había dado la primera comunión, murió dejándola sin nadie con quien hacer sus más secretos comentarios, los que ella y su conciencia, destilaban a solas, los que tenían que ver con sus pequeños extravíos, con las dudas de sus privadísimas faldas, con las burbujas de su cuerpo y los cristales oscuros de su
corazón.

—Ave María Purísima —dijo el padre español en su lengua apretujada, más parecida a la de un cantante de gitanerías que a la de un cura educado en Madrid.
—Sin pecado concebida —dijo la tía, sonriendo en la oscuridad del confesionario, como era su costumbre cada vez que afirmaba tal cosa.
—¿Usted se ríe? —preguntó el español adivinándola, como si fuera un brujo.
—No padre—dijo la tía Charo temiendo los resabios de la Inquisición.
—Yo sí —dijo el hombrecito—. y usted puede hacerlo con mi permiso. No creo que haya un saludo más ridículo. Pero dígame: ¿cómo está? ¿Qué le pasa hoy tan tarde?
—Me pregunto, padre —dijo la tía Charo —si es pecado hablar de los otros. Usted sabe, contar lo que les pasa, saber lo que sienten, estar en desacuerdo con lo que dicen, notar que es bizco el bizco y renga la renga, despeinado el pachón, y presumida la tipa que sólo habla de los millones de su marido. Saber de dónde sacó el marido los millones y con quién más se los gasta. ¿Es pecado, padre? —preguntó la tía.
—No hija—dijo el padre español—. Eso es afán por la vida. ¿Qué ha de hacer aquí la gente? ¿Trabajar y decir rezos? Sobra mucho día. Ver no es pecado, y comentar tampoco. Vete en paz. Duerme tranquila.
—Gracias padre —dijo la tía Charo y salió corriendo a contárselo todo a su hermana. Libre de culpa desde entonces, siguió viviendo con avidez la novela que la ciudad le regalaba. Tenía la cabeza llena con el ir y venir de los demás, y era una clara garantía de entretenimiento. Por eso la invitaban a tejer para todos los bazares de caridad, y se peleaban más de diez por tenerla en su mesa el día en que se jugaba canasta. Quienes, no podían verla de ese modo, la invitaban a su casa o iban a visitarla. Nadie se decepcionaba jamás de oírla, y nadie tuvo nunca una primicia que no viniera de su boca.
Así corrió la vida hasta un anochecer en el bazar de Guadalupe. La tía Charo había pasado la tarde lidiando con las chaquiras de un cinturón y como no tenía nada nuevo que contar se limitó a oir.
—Charo, ¿tú conoces al padre español de la iglesia de San Javier? —le preguntó una señora, mientras terminaba el dobladillo de una servilleta.
—¿Por qué?—dijo la tía Charo, acostumbrada a no soltar prenda con facilidad.
—Porque dicen que no es padre, que es un republicano mentiroso que llegó con los asilados por Cárdenas y como no encontró trabajo de poeta, inventó que era padre y que sus papeles se habían quemado, junto con la iglesia de su pueblo, cuando llegaron los comunistas.
—Cómo es díscola alguna gente —dijo la tía Charo y agregó con toda la autoridad de su prestigio—: El padre español es un hombre devoto, gran católico, incapaz de mentir. Yo vi la carta con que el Vaticano lo envió a ver al párroco de San Javier. Que el pobre viejito se haya estado muriendo cuando llegó, no es culpa suya, no le dio tiempo de presentarlo. Pero de que lo mandaron, lo mandaron. No iba yo a hacer mi confesor a un farsante.
—¿Es tu confesor? —preguntó alguna en el coro de curiosas.
—Tengo ese orgullo —dijo la tía Charo, poniendo la mirada sobre la flor de chaquiras
que bordaba, y dando por terminada la conversación.
A la mañana siguiente se internó en el confesionario del padre español.
—Padre, dije mentiras—contó la tía.
—¿Mentiras blancas? —preguntó el padre.
—Mentiras necesarias—contestó la tía.
—¿Necesarias para el bien de quién?—volvió a preguntar el padre.
—De una honra, padre —dijo la tía.
—¿La persona auxiliada es inocente?
—No lo sé, padre—confesó la tía.
—Doble mérito el tuyo —dijo el español—. Dios te conserve la lucidez y la buena leche.
Ve con él.
—Gracias, padre —dijo la tía.
—A ti —le contestó el extraño sacerdote, poniéndola a temblar.

Mujeres de Ojos Grandes / Ángeles Mastretta

Cassandra Wilson / Fragile
Traducción:

Mañana ya la sangre no estará
Al caer la lluvia se la llevará
Acero y piel combinación tan cruel
Pero algo en nuestras mentes quedará 
Un acto así terminará
Con una vida y nada más
Nada se logra con violencia
Ni se logrará
Aquellos que han nacido en un mundo así
No olviden su fragilidad
Lloras tu y lloro yo
Y el cielo también, y el cielo también
Lloras tu y lloro yo 
Que fragilidad, que fragilidad



20 de diciembre de 2011

¡VAYA MANERA!



 When we were strangers
I watched you from afar
When we were lovers
I loved you with all my heart 
Harvest Moon


Se vale preguntar
en los momentos en que nos encontramos dentro de nuestra piel
Se vale apaciguar las tormentas
cuando me abrazas con las mareas de esperanzas que te empeñas en regalarme
Te bebo, te como, te abrazo, te encierro entre mis piernas y te libero
Me entrego como el día aquel que nos permitimos jugar a las escondidas
Ya no hay más, solo renovarnos y continuar con los besos que rezan el ahora
Te miro y me miro, me hablas y me hablo… te beso y me beso,
vaya manera de enseñarme a entenderme.
Ven y baila conmigo que ambos somos sordos de un pie
eres consciente para perder el ritmo alguna vez
me enamora tu valentía de seguirnos aun cuando haya pisadas
Hay  ganas, hay verdad en tus  manos que esculpen aprendernos
Me cantas y me canto, me moldeas y me moldeo, me abrazas y me abrazo
Vaya manera de mostrarme lo que soy
Ven y arrúllame con un cántico que sepa a natural, a hierba, a brisa, a ti.
Me siento en tu regazo  para dejar pasar los mareos de mi cabeza por las vueltas que da mi mundo
Me despierto contigo, me visto y me sonrojo con tus palabras a través de tus dedos y tus labios.
Me bailas y me bailo, me ves y me veo
No hay mañana, hay ahora por siempre!


Cassandra Wilson
Harvest Moon

6 de noviembre de 2011

ANATOMÍA DEL CALENDARIO

Calendario de fertilidad femenina
Por las carreteras llenas de anécdotas y pesares me detuve a sentir lo que cada quien  me hablaba cuando tomaba mi mano.

Salía huyendo de las mentiras que conformes a su estima y estigma plenitud de sus razones no hubo manera de convencer, mediante los besos y corazones llenitos de migas de pan caliente, lo adormilado que se encontraba, y sobre mí solo hallaba plenitud de confianza y estabilidad.

Hoy, un domingo impuesto por los calendarios egocéntricos de los romanos, sé que no hay otra manera de caminar que con los pies pintados de suelos y piedras pateadas, tomadas para lanzarlas al lago de mi alma y que rebotan tantas veces como las he sentido.

La alegría se desprende de las espumas blanquitas para arrojarla a la plegaria amorosa y necesaria a  la sencillez de mirarte y nada más. Te aspiro y me aspiro. Madera fina que se moldea como el barro para encontrar la belleza que quieres enseñarme. 

Hoy, domingo impuesto por los calendarios habituales de una agenda la cual no miro, se hace presente con un café, la presencia y la pertinencia de mi conciencia para saborear amores, política, hijas, familia y todo aquello con lo que lo externo, los que me ven, aman y odian aseguran que soy. Pues, me acomodo y me regocijo en una amable hamaca para mecer pensamientos que no contaminen. 

Entrega de Mujer
Es placentero verse como es sin que nadie te mire. Es andar desnuda por el templo donde vivo, rascándote una nalga sin tener que mirar a los lados, o que te caigas de una escalera sin que nadie aguante su risa con prudencia. 

La mañana se viste, se arregla y se empeña en correr a lo largo de un despertar de muchas vidas, unas más vacías que otras. 

Sin embargo, el calendario, los astros, el mar y su oleaje, la rotación del planeta, las estaciones, el heladero y mis pies pintados transcurren como si no les importara lo que siento. Pues, me apego a mi calendario: Amar, cantar, besar, rezar, con días más intensos que otros, con momentos para añorar, otros para caminar, para discutir, para ser más o menos fértil al amor y sin mirar a los lados sino a lo que soy.

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Jezebel - SADE

TRADUCCIÓN:

Jezabel no nació con una cuchara de plata en la boca
Probablemente tenía menos de cada uno de nosotros
Sin embargo, cuando ella sabía cómo caminar sabía
Cómo tumbar la casa
No se puede culpar por su belleza
Gana con las manos hacia abajo
Jezabel, lo que es una belle
Parece una princesa con su vestido nuevo
¿Cómo conseguiste que
¿De verdad quiere saber, dijo
Al parecer, ella está en camino
Es más, mucho más que un sueño
Se puso sus medias y zapatos
No tenía nada que perder - dijo que valió la pena

Para llegar a la cima
Y el sol va a brillar
Cada invierno era una guerra, dijo
Quiero lo que es mío

Jezabel Jezabel
No se tratan de negar de dónde venía
Se puede ver en su orgullo
Y el cuervo en los ojos
Trate de mostrar su mejor manera
Ella te dirá que no sabe lo que te has perdido
Y por el tiempo que parpadea sabes que no se escucha

Para llegar a la cima, dijo
Y el sol va a brillar
Cada invierno era una guerra, dijo
Quiero lo que es mío

2 de noviembre de 2011

LA CHICHA DE LA IGUALDAD


 Alí Primera - Camarada


A esta humilde pecadora, se le han presentado los trabajos más  enriquecedores que me han permitido sentir la nobleza de la gente que nunca habían sido vistas, que solo han sido visitados y "escuchados" en actividades electorales y es, en definitiva, vivencias que muchos se pierden. En todo caso, no hay que ir muy lejos, por todos lados y muy cerca de nosotros siempre nos encontramos con seres que te ayudan a ver la vida a través de los ojos y el mundo de otro camarada, y es en ese momento donde confirmo cada vez más, lo iguales que somos.Solo debemos deslastrarnos de títulos, cargos, pasados, futuros, metas, del tiempo y todo aquello que empañe nuestra conciencia. Acércate!

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Amanece con lluvia y me encuentro con las intocables ganas de trabajar. Como todos los días, despido a seres que amo con la única intención de separarnos durante una larga jornada para cultivar nuestras ideas y nuestro amor por la patria en diferentes trincheras, unas más genuinas que otras claro.

Manejando mi bella y útil camioneta fuera de toda vigencia aseguradora, escucho la radio del Sur. De repente rompe toda la normalidad una imagen conmovedora del sentir de mi pueblo; bajo la interminable agua que cae para arropar el ímpetu de mi gente, veo a un chichero alimentando a los estómagos madrugadores de lucha. Escucho - compa dame un vaso de 6 – comenta un hermano – yo quiero uno de 8 – comenta otro – y a pesar del frío el hombre toma con una amable pausa su espesa bebida que indudablemente tiene ingredientes que alojan pensamientos de éxtasis que ayudan a olvidar la jornada qua está por comenzar. Al ver tanta frescura y tranquilidad en el camarada y compañero tomador de chichas, por un momento sentí la rica sensación de estar en un mundo paralelo, despegué hacia la insaciable necesidad de llamar y convocar la tranquilidad a pesar del corneteo y el desespero de quienes manejan el tráfico caraqueño.

Decidí estacionar y bajarme a tomar un vaso de chicha “de a 6” bajo la lluvia, y si, ciertamente, estaba divina, sabía a pecado. Al lado estaba un “recurso humano” de una empresa que construye un lugar para vender carros, que nuestra chicha auténtica y soberana, nunca podrá comprar pero si liberarnos. Omar se llamaba, hombre de “cierta edad” a punto de pasar a la categoría de pensionados afortunados de nuestra revolución. Nos presentamos viéndonos con rostros de igualdad TOTAL y le dije: ¿Está buena verdad? Omar saboreando una vez más el trago asintió con la cabeza. La mayor sorpresa fue que cuando sacaba sus billeticos arrugados de sus bolsillos, también pagó la mía y se fue esbozando la siguiente frase: "Que lindo es compartir señora, usted se baja de su carro y yo de mi camionetica, esto sólo pasa en Revolución"

Ruego todas las mañanas un vaso de chicha, lleno de sabor a pueblo y conciencia tranquila, es la única manera de disfrutarlo, es la única manera de reivindicarnos ante las luchas internas e individuales para consolidar (con el chichero)  la magia colectiva que nos une en un mundo lleno de amenazas y de “consecuencias colaterales”.

Ya encontré mi espacio para degustar el amigable sabor de compartir, comunicar y disfrutar con personas nobles. Aprecio toda defensa a las bebidas, que definitivamente a través de ellas, también se hace Revolución. 

Que viva la Chicha carajo!